Editorial

Durante el año 2010 nuestro sistema solidario de salud, Sami Osmecon se vio sometido a los distintos avatares impositivos o legislativos que rigieron el mercado de la salud privada en la Argentina.
No se tuvo en cuenta que nuestra Entidad es una “Entidad Pública sin fines de lucro” como lo expresa nuestro Estatuto fundacional.
Se nos colocó en igualdad de tratamiento tanto legislativo como impositivo con empresas como Galeno, Swiss Medical, etc.
Nuestra función es brindar salud a nuestros conciudadanos del mejor nivel médico y alta tecnología con aranceles accesibles e imposibles de comparar con empresas de medicina prepaga.
Lo recaudado se vuelca en casi su totalidad en honorarios médicos y se reinvierte en mejorar la accesibilidad de nuestros pacientes a los últimos tratamientos médicos aprobados científicamente.
En todo esto existe un valor agregado, que nuestros pacientes son asistidos por su “médico amigo”, quien los conoce desde siempre y sabe su historia, no ya desde lo médico, sino quizás lo más importante, su historia de vida como persona.
Estos valores y esta relación que mantenemos con nuestra comunidad, es muy probable que pase desapercibido para quienes tienen la tarea de recaudar o legislar.
Es nuestra obligación como dirigentes médicos que esta verdad se conozca, y no se iguale, desde la injusticia de pensar que todo es lo mismo.
No somos ni mejores ni peores que nadie, pero nuestras Instituciones no nacieron para lucrar con la salud.
Si nacieron para brindar un mejor acceso a la salud, a una población con recursos escasos, y generar las condiciones básicas para que nuestros colegas puedan vivir dignamente de su trabajo, con aranceles acordes a su responsabilidad profesional.
Es imprescindible instalar este debate pues la generalización de las normas y de los preconceptos nos daña a quienes desde siempre fuimos y seremos ejes de la sustentabilidad del sistema sanitario nacional.